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jueves, 8 de diciembre de 2016

La Ley de Emergencia Social, una oportunidad de inclusión (por los Curas Villeros)

En el año 1974 la Argentina tenía 4% de pobreza hoy tiene un 32%. Esta emergencia social que vivimos no es la consecuencia de un desastre natural. Hay que trabajar entonces sobre las condiciones que la produjeron. Mientras tanto vemos necesario apoyar la ley de emergencia social. Esta puede ser una buena medida, entre otras,  para que mucha gente llegue a fin de mes. Y para tomar dimensión de que no se pueden perder más puestos de trabajo.
El proceso que ha llevado a proponer la ley creemos que es muy valioso porque ha logrado visibilizar al pueblo pobre trabajador. Los trabajadores y trabajadoras que luchan diariamente por sobrevivir y lo hacen en el marco de la economía popular.
En este contexto merece mucho respeto ese padre o esa madre de familia, que cuando ‘no alcanza para todos’, deja de cenar para que sus hijos puedan comer. Es  desde este tipo de periferias existenciales que tenemos que mirar la realidad de nuestra Patria. Y así poner en el centro de la acción social y política a las personas más desfavorecidas.
Es necesario que los dirigentes –de todo tipo- escuchen el corazón del pueblo. Lo que hace que un pueblo sea un pueblo son sus aspiraciones comunes, el proyecto común que lo pone en marcha. El corazón del pueblo late en los pobres y pequeños, porque en sus anhelos más profundos siempre apuntan a lo esencial
Un lugar de escucha por ejemplo es la devoción a San Cayetano. ¿Qué valores se juegan en ese pedido de Paz, Pan y Trabajo?  Detrás del pedido por el pan hay un pedido de justicia.  No es posible que alguien pase hambre en la Argentina, una tierra bendita de pan. Sin embargo son muchos los que no pueden amasar su pan con el trabajo. Sólo consiguen migajas que caen por descuido de mesas opulentas (ver Lc. 16, 21). Muchas veces esto se confunde con caridad, cuando el pan  que se pide para todos es en realidad un clamor de justicia. Detrás del pedido de trabajo hay un pedido, un reclamo, por el respeto de la dignidad de cada persona. La persona que no trabaja siente que está de sobra, que no vale. La persona que no trabaja está profundamente herida en su dignidad. Dignidad que intuye no le puede ser robada porque le viene de Dios su Padre misericordioso, su único Patrón. Dios no quiere que nadie falte a la mesa,  una mesa que Él mismo se pone a servir (ver Lc 12, 37). La paz social es fruto de vivir bien y esto no se da sin justicia y sin respeto por la dignidad de cada persona.
Por eso consideramos que es fundamental la solidaridad del movimiento obrero con esta multitud de trabajadores de la economía popular. Solidaridad es pensar y actuar en términos de búsqueda de una vida digna para todos los habitantes de nuestro país. Y para aquellos que más posibilidades hemos tenido en la vida, la vara es más alta y la exigencia de ponernos la patria al hombro siempre es mayor.
Nuestra sociedad nunca podrá ser feliz si tenemos un 32% de pobreza y un 6% de indigencia. Ahora bien, detrás de las estadísticas hay rostros concretos e historias muy dolorosas. Duelen hoy y dolieron siempre, no simplemente cuando los números los registran y los hacen visibles.  Por otro lado tampoco es un criterio absoluto la capacidad que tengan los más pobres de llenar una plaza para hacerse ver. A modo de ejemplo basta pensar en los miles de chicos y chicas que consumen paco, que difícilmente puedan organizarse para reclamar por sus derechos.
Frente a esta situación se requiere, entre otras cosas, austeridad. Pero no se le puede pedir austeridad a los que luchan por sobrevivir. Se requiere austeridad de los dirigentes –políticos, empresariales, sindicales, judiciales, eclesiásticos, de los medios de comunicación social, etc.-, la austeridad es un buen antídoto contra la corrupción.
Esta mirada nos ayuda a no perder el eje de una economía al servicio de las personas y los pueblos, en vez de concebirla como un mero mecanismo de acumulación –la copa en vez de derramarse, se agranda-. Hay que considerar la economía como un instrumento imprescindible para que la política pueda generar oportunidades concretas. Es así que en los barrios más vulnerables es necesaria una presencia inteligente del Estado que lleve trabajo, en esos lugares donde la narco-criminalidad sí está dispuesta a dar ‘trabajo’.
La cultura del encuentro que anhelamos no propone recetas acabadas, ya que para los problemas complejos que nos llevaron a esta situación de emergencia social no alcanzan las respuestas lineales. Sí estamos convencidos de que en esta cultura del encuentro los pobres no solo dan que pensar, sino que piensan; no solo despiertan sentimientos, sino que sienten; no solo padecen injusticias y están heridos en su dignidad, sino que creativamente luchan para vivir bien. Y en lo concreto y cotidiano nos enseñan tantísimas veces lo que significa el amor fraterno que se revela frente a la injusticia social.
Que la Virgen de Luján nos enseñe a cuidar de nuestra Patria, como ella lo hace, empezando por los más pobres y pequeños.
P. José María Di Paola, villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita. Diócesis de San Martín
P. Gustavo Carrara, P. Nicolás Angellotti, P. Eduardo Casabal, villa 1-11-14. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Lorenzo de Vedia, P. Carlos Olivero, P. Gastón Colombres, villa 21-24 y Zavaleta. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Guillermo Torre, de la Villa 31. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Domingo Rehin, villa Lanzone, Villa Costa Esperanza. Diócesis de San Martín
P. Juan Manuel Ortiz de Rosas, San Fernando.  Diócesis de San Isidro.
P. Basilicio Britez, Villa Palito, Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo. Diócesis de San Justo
P. Sebastián Sury, P. Damián Reynoso, Villa 15. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Pedro Baya Casal, P. Adrián Bennardis, Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo. Arquidiócesis de Buenos Aires
P. Juan Isasmendi, Villa Trujuy. Diócesis Merlo-Moreno.
P. Nibaldo Leal, V. Ballester. Diócesis de San Martin.
Carlos Morena, Ángel Tissot, Mario Romanín, Alejandro León, Juan Carlos Romanín. Salesianos. Villa Itatí. Don Bosco.
P. Hernán Cruz Martín. Barrio Don Orione - Claypole. Obra Don Orione.
P. Dante Delia. Villa Borges. Diócesis de San isidro.
P. Antonio Mario Ghisaura. Villa Tranquila. Diócesis Avellaneda- Lanús.
P. Eduardo Gonzalez. Vicario general. Diócesis de San Martin.
P. Luciano Iramain, B° Los Polvorines. Diócesis de San Miguel.
 
 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Incautación de Bienes a la Mafia con Reutilización Social

El ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Germán Garavano, el juez federal Sergio Torres y el legislador porteño de Bien Común, Gustavo Vera, coincidieron este viernes en remarcar que "no alcanza solo con incautar los bienes a la mafia" sino que también "deben reutilizarse rápidamente en beneficio de los sectores sociales que más lo necesitan".

"El imperativo moral es que estos bienes deben reutilizarse rápidamente en beneficio de los que más lo necesitan", precisó Garavano durante la conferencia que encabezó junto a Vera y al titular del Juzgado Federal número 12 en la biblioteca de la Legislatura porteña.

Del encuentro también participaron la legisladora porteña del Frente para la Victoria Magdalena Tiesso, la presidenta de la Asociación de Mujeres Jueces, Susana Medina; el legislador porteño del PRO Octavio Calderón; Asuntos Culturales y de Prensa de la Embajada Armenia en la Argentina, Rubén Mozian; la referente de los familiares de la tragedia de Once, María Luján Rey, el fiscal Antitrata Marcelo Colombo y la secretaria adjunta de la Asociación del Personal Jerárquico del GAS en la CTA Autónoma, Ximena Rattoni; y Tamara Rosenberg de Campaña Ropa Limpia Ar.
Garavano explicó que "es central para el Estado cortar el flujo del dinero, golpear allí donde más le duele a la mafia, que es el dinero, los bienes".


"Los narcos tienen 'soldaditos', que son las nuevas formas de esclavitud, pero eso es una variable. Lo que no es una variable son sus propiedades, sus bienes y el dinero", agregó el ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

A su vez, el funcionario nacional agradeció al juez federal Torres y a La Alameda por el trabajo que vienen haciendo a la hora de luchar contra el crimen organzado, el narcotráfico, y la trata de personas. "Ustedes trabajan concretamente y cambian vidas", sostuvo.

Además, señaló que el magistrado federal "fue el primero en dar sentido social a estos bienes incautados a la mafia y que vuelvan a las víctimas explotadas".


"Esto fue valioso y es el desafío en el Senado, que se regule el uso de bienes incautados a la mafia", precisó Garavano.

Vera indicó que en este tipo de casos "el ejemplo es la ley Pío La Torre de Italia, que crea un instituto apara administrar bienes y al titular lo eligen por mayoría en el Parlamento".

"Esto permite a los jueces ocuparse de la investigación y no de lo engorroso que es administrar esos bienes", precisó el legislador porteño de Bien Común.

"Si no se incautan esos bienes para reutilizarlos socialmente, ocurre como con (el ex juez federal, Norberto) Oyarbide, cuando decenas de máquinas se destruyeron por quedar a la intemperie", recordó el presidente de La Alameda.


Por su parte, el juez federal Torres, explicó que esto "es un cambio cultural, ir hacia la incautación de bienes con la reutilización social".

"En mi juzgado lo logramos en casos de talleres textiles clandestinos. Hubo búnker narcos que no destruimos, sino que los entregamos como hicimos en barrio Zavaleta y Barrio Mitre, cuando se lo dimos a los curas villeros, al Cenareso y las madres que pelean a favor de los chicos adictos", indicó el magistrado.


Por último, Torres contó uno de los operativos vinculados a esta problemática, en el que se incautó "una camioneta de un grupo narco y que hoy hace traslado de adictos para su recuperación".