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lunes, 5 de mayo de 2025

Querido Francisco

 

Querido Francisco, querido hermano:

Llegando al final de esta semana de Pascua, marcada para siempre en nuestros corazones por tu Pascua de reencuentro con el Señor, simplemente te queremos dar las gracias.

Nacimos como grupo al calor de tus palabras, pero sobre todo al calor de tus gestos y de tu modo. Soñamos con construir ese modo de hacer sentir al otro más humano. Es el modo de Jesús, que nos enseñaste a llevar a todos lados, desde los confines del mundo y hasta el último rincón.

Los años pasaron, celebramos muchas cosas y otras tantas nos dolieron en el camino. Fuimos padres, madres, formamos parejas, hicimos amigos, nos recibimos, crecimos, el tiempo pasó... pero tu Magisterio siempre estuvo a nuestro lado, recordándonos el amor revolucionario que significa el Evangelio en cada paso de nuestras vidas.

Hoy, en tu Pascua, te despedimos hasta que te volvamos a encontrar, prometiendo nunca olvidar que, como te gustaba citar, "lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado". (CV 108).

Las flores del árbol de nuestras vidas no serían las mismas sin Francisco, sin tu semilla del amor incondicional del que nos habla Jesús.

Vamos a seguir tu legado, donde a cada una y cada uno de nosotros le toque, para nunca olvidar que la Iglesia de Jesús es con "todos, todos, todos". Y todas.

Gracias para siempre. Seguiremos andando, nomás.

domingo, 9 de junio de 2019

Parresía en el Frente Patria Grande

Somos militantes de Jesús en la Iglesia-Comunidad-Pueblo de Dios conducida por Francisco.
Somos militantes del Dios que “derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes, que colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1, 52-53)
Somos militantes guiados por el Espíritu que sopla donde quiere y nos impulsa a vivir con audacia, coraje, fervor, pasión y con la libertad de los hijos de Dios.
Somos militantes del campo nacional, popular, latinoamericanista, humanista, cristiano y revolucionario.
Somos militantes de los movimientos populares y sociales, de las organizaciones libres del Pueblo.
Somos militantes de la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social.
Somos militantes de los Derechos Humanos.
Somos militantes de las tres T: Tierra, Techo y Trabajo.
Somos Parresía.

Y por eso, leyendo los signos de los tiempos en la coyuntura actual, nos sumamos activamente en Tres Banderas dentro del Frente Patria Grande, bajo la conducción de Juan Grabois, a militar activamente la fórmula Fernández-Fernández de Unidad Ciudadana para ganarle al macrismo, al neoliberalismo, a la oligarquía, a las élites, a las corporaciones, al gobierno del hambre, la pobreza, la desocupación, el ajuste, el endeudamiento, la represión y la violencia.




Nuestros enemigos dicen que no quieren volver al pasado, nuestros compañeros dicen `vamos a volver'. Nosotros proponemos otra consigna y es que 'recuperemos el futuro' para retomar lo mejor del pasado y construir un futuro que lo supere”, dijo Juan Grabois

 

domingo, 19 de mayo de 2019

"En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones" - Parresía

Empezó Mayo y nos organizamos para volver a encontrarnos con muchas novedades para compartir, y la necesidad de reflexionar y tomar decisiones. Por razones de agenda, teniendo en cuenta la dificultad para coordinar entre veinte personas que mayormente trabajan y estudian, elegimos reunirnos el sábado 18 de mayo. En aquel momento no sabíamos la importancia que luego tendría esa fecha.

La orden del día indicaba 3 temas:
1) Reunión con Juan Grabois
2) Reunión con Néstor Borri, del Centro Nueva Tierra, por Factor Francisco
3) Proyecto de "Pastoral Social Juvenil"

La mañana del sábado nos despertó con la novedad: Fernández-Fernández, con Cristina de Vice. El grupo whatsapp se activó como nunca. Cierta tristeza inicial por "Alberto Presidente", fue dejando lugar a la celebración por una estrategia brillante para ganarle a Macri. Se valoró la decisión de elegir la unidad como camino siendo que, como dice Francisco, "la unidad es superior al conflicto". Con el correr del día pudimos vernos identificados con el comunicado del Frente Patria Grande: militar la fórmula, ganarle a Macri, y tensionar por izquierda desde un cristianismo popular y revolucionario. Y reafirmamos lo que ya expresamos en la última reunión del año pasado: Parresía, con Grabois y Cristina. A la noche, ya durante la reunión, pudimos compartir también las emociones que fue despertando el video del anuncio, la voz de Cristina, las palabras elegidas, las imágenes...

Y, a diferencia de tantas otras veces, pudimos ceñirnos al orden del día.

1) Juan Grabois

A todes les integrantes de Parresía nos seduce el perfil de Juan Grabois. Por su procedencia de clase media y su compromiso militante con los más pobres en nuestra barriadas, nos sentimos muy identificados. Por su marco teórico, donde puede citar a Francisco, Marx y Perón en la misma idea. Porque nos sentimos representados con lo que simboliza el Frente Patria Grande, el rumbo que propone, y donde también se nos hace difícil hacerlo desde nuestro posicionamiento religioso (por prejuicio, y hasta distorsiones, de propios y ajenos). Porque nos consideramos militantes del movimiento nacional y popular con una mirada latinoamericanista desde un cristianismo revolucionario.
Decidimos reunirnos con Grabois. Ya entablamos conversación con Juan y nos contactó con quien organizará el encuentro. Evaluamos dos alternativas, a acordar con ellos. Una, básica, que es una charla-debate con Juan como principal orador, y abierta a mucha más gente que los que hoy por hoy formamos parte de Parresía. La otra tiene que ver con contarle quiénes somos, por qué decidimos encontrarnos con él, y ver desde dónde podemos sumarnos políticamente en general, y electoralmente en esta coyuntura particular. En breve tendremos novedades...

2) Factor Francisco

Somos Parresía, somos militantes de Jesús en la Iglesia conducida por Francisco. Por esa razón es que desde hace un tiempo que diferentes integrantes de Parresía veníamos siguiendo de cerca la movida de #FactorFrancisco en las redes. Finalmente nos decidimos e hicimos contacto con Néstor Borri para conocer más en profundidad la propuesta. Y coincidimos...
"Un Papa latinoamericano es un acontecimiento de la Iglesia Universal,  de la historia de nuestro mundo, un desafío teológico, histórico, cultural y político. Escuchado desde Argentina, Francisco envía señales, propone contraseñas, indica caminos, lanza desafíos y provocaciones. Invita al pensamiento, convoca a la acción.
Referente global en un mundo desencantado, auténtico en medio del reino de las mercancías, pícaro en tiempos de fluidez plana e ingenios tristes. Los desafíos de Francisco son teológicos, vivenciales, pastorales, históricos… son políticos... Lo que el Papa propone… da para más. Corre la vara, dobla la apuesta. Y por ese mismo camino queremos ir. Hay que arriesgar. La astucia es un valor y el tiempo lo demanda. La historia invita, la memoria sabe y empuja, la coyuntura lo exige...
Pensamos  #FACTORFRANCISCO desde esta perspectiva, como un aporte desde las ideas y la comunicación para expandir la potencia del Papa argentino para reconstruir un proyecto de país, un horizonte de justicia, unas militancias con trascendencia, carnadura y camino. Para la política, la cultura, el pueblo, las construcciones, los compromisos, el pensamiento y las preguntas. Para “factorear” la realidad con el Papa, con Francisco, pensándolo, respondiendo, provocando, interpretando e interpelando...
#FACTORFRANCISCO es una apuesta por el pueblo y por la alegría de la buena noticia también. Cuando el capitalismo más febril quiere acabar con toda voz disonante y todo pensamiento potente, en ese mismo mundo y en este momento, nos ponemos más papistas que el Papa."
Ya entablamos conversación con Néstor y quedamos en encontrarnos a la vuelta de su viaje.

3) Pastoral Social Juvenil

Por último, y a partir de valiosas inquietudes de varios de nuestros integrantes, nos propusimos retomar un proyecto que algunes de nosotres pensamos hace ya más de 10 años y presentamos, oportunamente, en Pastoral Social y Vicaría de Educación.
Más allá de la coyuntura, independientemente de nuestros posicionamientos partidarios, somos concientes que es necesario poder habilitar la voz de nuestras pibas y pibes en estos nuevos tiempos políticos. Y, obviamente, invitarlos a la formación, la reflexión y la acción.
¿Cuál es la idea central del proyecto? Generar diferentes formatos, presenciales y virtuales, para trabajar con adolescentes y jóvenes de los colegios, las parroquias, los grupos juveniles, los grupos misioneros, los grupos scout, y todo ámbito juvenil donde se nos abran las puertas, los temas fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia y el Magisterio de Francisco. Con una mirada abierta, participativa, creativa, popular y juvenil, con audacia, coraje, fervor y pasión, es decir, con parresía.
Somos concientes que en este punto debemos ser totalmente apartidarios. Por eso exploramos caminos para no mezclarlo con lo electoral ni con opciones coyunturales que atenten contra el proyecto. Es un proyecto político, pero debe estar más allá de la militancia partidaria. Sabemos que es fundamental hacer esta diferenciación y por eso apelamos a encontrarnos con otras y otros para poder construir esta propuesta. Creemos en la riqueza de la diversidad, de la pluralidad, en el caminar juntos con quienes pensamos diferente.
El perfil, recorrido, la formación, experiencia (también los contactos) de quienes somos Parresía nos permite entusiasmarnos con esta propuesta. Tenemos con qué, sabemos cómo, hacia dónde, y podemos hacerlo.
Decidimos iniciar un camino de consultas, reuniones, para ir recibiendo ideas en un proceso de construcción colaborativa, colectiva, del proyecto. Y, a la vez, iniciamos un proceso de (re)escritura para poder arribar en un plazo prudencial a un texto que nos permita articular con otras agrupaciones, fundaciones, asociaciones, instituciones y organizaciones. Estamos en camino...

Parresía sigue creciendo...

martes, 5 de marzo de 2019

Audiencia a un grupo de la Pontificia Comisión para América Latina

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes:

Discurso del Santo Padre

Queridos amigos:

Agradezco las palabras del Cardenal Ouellet, e inicié esta intervención diciéndoles “queridos amigos”, y no por un mero recurso retórico sino porque al pensar en la iniciativa que han emprendido creo que puede ser oportuno recordar una línea del capítulo 15 del evangelio de san Juan, en el que Jesús dice a todos: «En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre» (Jn 15,15).
Y Jesús funda la Iglesia con aires de una amistad, como un acto de amor, como un gesto de compasión por nuestra condición frágil y limitada. Y al encarnarse, Jesucristo abraza nuestra humanidad, abraza a nuestro “yo”, a veces egoísta, tantas veces temeroso, para regalarnos su fuerza y mostrarnos que no estamos solos en el camino de la vida, que tenemos un amigo que nos acompaña. Gracias a ello, cada vez que decimos “yo” podemos decir “nosotros”, es decir, somos comunidad con Él. Tenemos un “amigo” que nos sostiene, nos invita a proponer misioneramente esa misma amistad a todos los demás y así dilatar la experiencia de “Iglesia”.
Y esta verdad tiene muchas implicaciones en distintos ámbitos, pero en especial es importante para aquellos que descubren que son llamados a ser responsables de la promoción del bien común.
Ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad. Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad de discipulado misionero verdaderamente eclesial, en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, corres el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político pero solo, triste y con el riesgo de ser manipulado.
Jesús nos invita a ser sus amigos. Si nos abrimos a esta oportunidad nuestra fragilidad no va a disminuir. Las circunstancias en las que vivimos no cambiarán de inmediato. Sin embargo, podremos mirar la realidad de una manera nueva, podremos vivir con renovada pasión los desafíos en la construcción del bien común. No olvidemos que entrar en política, significa apostar por la amistad social.
En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas. Supo vivir la fe como amistad y el compromiso con su pueblo hasta dar la vida por él. El veía a muchos laicos deseosos de cambiar las cosas pero que muchas veces se extraviaban con falsas respuestas de tipo ideológico. Con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia, san Óscar Arnulfo Romero decía, y cito:
«La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia. Si en un cristiano han crecido las dimensiones de la fe y de la vocación política, no se pueden identificar sin más las tareas de la fe y una determinada tarea política, ni mucho menos se pueden identificar Iglesia y organización. No se puede afirmar que solo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia de la fe. No todo cristiano tiene vocación política, ni el cauce político es el único que lleva a una tarea de justicia. También hay otros modos de traducir la fe en un trabajo de justicia y de bien común. No se puede exigir a la Iglesia o a sus símbolos eclesiales que se conviertan en mecanismos de actividad política. Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia».[1] Hasta aquí Romero.
Estas palabras pronunciadas el 6 de agosto del 78 para que los fieles laicos fueran libres y no esclavos, para que reencontraran las razones por las que vale la pena hacer política pero desde el evangelio superando las ideologías. La política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las así llamadas “clases dirigentes” crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. El famoso adagio liberal exagerado, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo. Hacer política no puede reducirse a técnicas y recursos humanos y capacidad de diálogo y persuasión; esto no sirve solo. El político está en medio de su pueblo y colabora con este medio u otros a que el pueblo que es soberano sea el protagonista de su historia.
En América Latina y en todo el mundo vivimos actualmente un verdadero “cambio de época”[2] –lo decía Aparecida– que nos exige renovar nuestros lenguajes, símbolos y métodos. Si continuamos haciendo lo mismo que se hacía algunas décadas atrás, volveremos a recaer en los mismos problemas que necesitamos superar en el terreno social y político. No me refiero aquí simplemente a mejorar alguna estrategia de “marketing” sino a seguir el método que el mismo Dios escogió para acercarse a nosotros: la Encarnación. Asumir. Asumiendo todo lo humano –menos el pecado– Jesucristo nos anuncia la liberación que anhela nuestro corazón y nuestros pueblos. Y entonces ustedes como jóvenes católicos dedicados a diversas actividades políticas serán vanguardia en el modo de acoger los lenguajes y signos, las preocupaciones y esperanzas, de los sectores más emblemáticos del cambio de época latinoamericano. Y les tocará buscar los caminos del proceso político más apto para llevar adelante.
¿Cuáles son los sectores más emblemáticos o significativos en el cambio de época latinoamericano? En mi opinión son tres, además lo deben de haber escuchado porque esta Carriquiri aquí, así que se lo copio a él. En mi opinión son tres a través de los cuales es posible reactivar las energías sociales de nuestra región para que sea fiel a su identidad y, al mismo tiempo, para que construya un proyecto de futuro: las mujeres, los jóvenes y los más pobres.
En primero lugar, las mujeres. La Comisión Pontificia para América Latina el año pasado ha dedicado una reunión plenaria precisamente a la mujer como pilar en la edificación de la Iglesia y la sociedad.[3] Además, a los obispos del CELAM en Bogotá en 2017 les recordaba que «la esperanza en Latinoamérica tiene un rostro femenino».[4] En segundo lugar, los jóvenes, porque en ellos habita la inconformidad y rebeldía que son necesarias para promover cambios verdaderos y no meramente cosméticos. Jesucristo, eternamente joven, está presente en su sensibilidad, en la de ellos, en su rostro y en sus inquietudes. Y en tercer lugar, los más pobres y marginados. Porque en la opción preferencial por ellos la Iglesia manifiesta su fidelidad como esposa de Cristo no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia.[5]
Las mujeres, los jóvenes y los pobres son, por diversas razones, lugares de encuentro privilegiado con la nueva sensibilidad cultural emergente y con Jesucristo. Ellos son protagonistas del cambio de época y sujetos de esperanza verdadera. Su presencia, sus alegrías y, en especial, su sufrimiento son una fuerte llamada de atención para quienes son responsables de la vida pública. En la respuesta a sus necesidades y demandas se juega en buena medida la verdadera construcción del bien común. Constituyen un lugar de verificación de la autenticidad del compromiso católico en la política. Si no queremos perdernos en un mar de palabras vacías, miremos siempre el rostro de las mujeres, de los jóvenes y de los pobres. Mirémoslos como sujetos de cambio y no como meros objetos de asistencia. La interpelación de sus miradas nos ayudará a corregir la intención y a redescubrir el método para actuar “inculturadamente” en nuestros distintos contextos. Asumir, y asumir en concreto, toda esta problemática significa ser concreto y en política cuando uno se desvía del ser concreto se desvía también de la conducción política.
Una nueva presencia de católicos en política es necesaria en América Latina. Una “nueva presencia” que no solo implica nuevos rostros en las campañas electorales sino, principalmente, nuevos métodos que permitan forjar alternativas que simultáneamente sean críticas y constructivas. Alternativas que busquen siempre el bien posible, aunque sea modesto. Alternativas flexibles pero con clara identidad social cristiana. Y para ello, es preciso valorar de un modo nuevo a nuestro pueblo y a los movimientos populares que expresan su vitalidad, su historia y sus luchas más auténticas. Hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en movimiento se convierte en una manera potente de sanear nuestras frágiles democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias representativas de origen popular.
Los católicos sabemos bien que «en las situaciones concretas, y teniendo en cuenta las solidaridades que cada uno vive, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes».[6] Por eso, los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico. Quizá fue esta una primera intuición en el despertar de la Doctrina social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico. En política es mejor tener una polifonía en política inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y neutralizante –y de yapa– quieta. No, no va.
Me alegra que haya nacido la Academia de Líderes Católicos y se expanda por diversos países de América Latina. Me alegra que ustedes busquen simultáneamente fieles al evangelio, plurales en términos partidistas y en comunión con sus Pastores.
Dentro de unos años, en 2031, celebraremos el V Centenario del Acontecimiento Guadalupano y, en 2033, el segundo milenio de la Redención. Quiera Dios que desde ahora en adelante puedan todos ustedes trabajar en la difusión de la Doctrina social de la Iglesia para así llegar a la celebración de estas fechas con verdaderos frutos laicales concretos de discipulado misionero. A mí me gusta repetir que tenemos que cuidarnos siempre de las colonizaciones culturales, no, las colonizaciones ideológicas, las hay económicas porque las sociedades tienen una dimensión de “coloneidad”; o sea, de ser abiertas a una colonización. Entonces defendernos de todo. Y al respecto me permito una intuición. A ustedes les tocará ajustar y corregir o no, pero es una intuición que la dejo a la mano de ustedes, sino quieren equivocarse en el camino para América Latina, la palabra es “mestizaje”. América Latina nació mestiza, se conservará mestiza, crecerá solamente mestiza y ese será su destino.
San Juan Diego, indígena pobre y excluido, fue precisamente el instrumento pequeño y humilde, que escogió Santa María de Guadalupe para una gran misión que daría origen al rostro pluriforme de la gran nación latinoamericana. Nos encomendamos a su intercesión para que cuando las fuerzas nos falten en la lucha por nuestro pueblo, recordemos que es precisamente en la debilidad que la fuerza de Dios puede hacer su mejor trabajo (cf. 2 Co 12,9). Y que la Morenita del Tepeyac nunca se olvide de nuestra amada “Patria Grande”, eso es América Latina, una Patria Grande en gestación, que nunca se olvide de nuestras familias y de los que más sufren. Y por favor no se olviden ustedes de rezar por mí. Gracias.
_____________
[1] S. Óscar Arnulfo Romero, Homilía, 6 agosto 1978.
[2]
Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, 44.
[3]
Cf. Comisión Pontificia para América Latina, La mujer pilar de la edificiación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2018.
[4]
Francisco, Discurso al Comité Directivo del CELAM, 7 septiembre 2017.
[5]
Cf. S. Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 49.
[6]
S. Pablo VI, Octogesima adveniens, 50.